Entre pinos y secuoyas


Lo que de noche era el escenario perfecto para una película de miedo, de día recuperó su aspecto normal de rincón encantador, perfecto para vivir una vida de contemplación y reflexión. Uno de esos hoteles en los que te quedarías, por lo menos, un par de noches más para poder disfrutarlo un poco, pero nuestra vida de aves de paso nos obliga a abandonar el lugar cuando mejor están las cosas. Sin ser tan duro como la de ayer, el tramo de hoy era realmente interesante, dando nuevos pasos en la América más verde y llegando por primera vez a la Costa Oeste.

Volvimos a rehacer lo andado para llegar a Lee Vining a recoger información sobre el Lago Mono, conocido por la alta concentración de sal en sus aguas, lo que te hace flotar como en el Mar Muerto y atrae a las poblaciones de gaviotas que suelen encontrarse en zonas costeras. La zona más visitada del inmenso lago es la conocida como Tufa South, donde abundan formaciones rocosas hechas de sal, tal como la pequeña isla formada en el medio del lago. Sí, el paraje es muy bonito, pero no lo es como para cobrar tres dólares para acercarse a la orilla a contemplarlo más de cerca. Por tres dólares menos lo pudimos observar desde cincuenta metros más atrás, con menos precisión, pero con una mayor perspectiva del entorno. La “playa” que había en otra parte del lago estaba plagada de una especie de mosquitos que flotaban en el agua y que hicieron imposible toda actividad allí. Yosemite nos esperaba y Luke, como jardinero que ama su oficio, estaba deseando verlo a fondo.

El Parque Nacional de Yosemite se encuentra pegado al desierto del Valle de la Muerte que habíamos recorrido el día anterior, lo cual no deja de sorprender si estamos hablando de dos polos completamente opuestos que se han atraído hasta situarse uno junto al otro. Ya desde que amaneció teníamos la sensación de encontrarnos en otro país, como Canadá o Suiza, y es que nunca habíamos relacionado a Estados Unidos con tal belleza forestal. El azul del agua se mezclaba con el verde de la pradera y los pinos, el gris de las rocas y el celeste de un cielo completamente descubierto, sin una sola nube en el ambiente. Un pintor trazaba sus primeras pinceladas a una obra mientras intentaba no distraerse con la gente que acampaba a los alrededores y los niños que no se atrevían a meterse en un lago completamente cristalino, pero helado.

Al contrario que en Death Valley, la jornada la pasamos mayoritariamente fuera del coche, haciendo numerosas paradas que comprendían desde los riachuelos más insignificantes con los que nos emocionamos al principio de la jornada hasta las cumbres más frías y con un paisaje tan arbolado que no se veía el suelo ni las carreteras que cruzaban por el bosque. Frente a nosotros se batían en duelo el Capitán y el Half Dome, las dos montañas más conocidas del parque, como lo habían hecho en los últimos milenios. Las cataratas que hay alrededor del parque alcanzan una altura de hasta 720 metros, colocándose en el tercer lugar del ranking de cataratas más grande del mundo; pero, lejos de la temporada de deshielo, el caudal es tan escaso que el agua no llega a caer al suelo, pulverizándose por el camino. Entre el conjunto de cataratas destaca la Horsetail, conocida por el extraño efecto que hace el sol de febrero sobre el agua mientras cae, simulando un chorro de fuego.


Atravesar el parque nos había costado todo el día y ya sólo quedaban dos horas de sol. Había algo que nos quedaba por ver y que Luke no quería perderse: el Mariposa Grove, una de las mayores reservas de secuoyas que existen. Tras la experiencia del Cañón del Colorado, estuvimos cerca de dos horas haciendo ejercicio del duro mientras recorríamos las sendas más recónditas del lugar para encontrar la Faithful Couple, el Giant Grizzlie el Fallen Monarca y demás ejemplares históricos que se esconden en las profundidades del bosque. En sus tiempos quisimos visitar al General Sherman, el ser vivo con más biomasa del mundo, pero desistimos al enterarnos que se encontraba a unos 600 kilómetros de nuestro paso por el parque.


El camino de bajada de las montañas era un poco más estrecho y con grandes desniveles. La falta de luz dificultaba el trayecto y una noche más llegaríamos a las mil al nuevo hotel, que distaba a unos 350 kilómetros de donde nos encontrábamos. Con la lección bien aprendida de que los restaurantes cierran muy pronto en Estados Unidos, nos paramos a comprar comida china en el pueblo de Madera. A pesar de encontrarnos en un país cuya lengua oficial es el inglés, no deja de sorprender la influencia de la cultura hispana en un territorio que en sus tiempos fue mexicano. Así, junto con los nombres de pueblos y ciudades, también muchos carteles e información de las ciudades están en español junto al inglés, haciendo la vida más fácil y llevadera a todo aquel español que no sabe otra lengua.

Tras más de media hora pensándolo, el GPS comenzó a darnos las indicaciones para llegar al hotel mientras San Francisco se divisaba al otro lado de la bahía con sus característicos rascacielos que le dan una imagen similar a la de Toronto. Aunque eran más de las doce de la noche, no llegamos hasta las dos al hotel. El GPS nos había indicado que fuéramos a San Bruno cuando el hotel se encontraba en Redwood, y es que hay calles y números que se repiten en los pueblos de la zona por compartir la misma historia en la mayoría de los casos, aunque personalmente desconozco la historia del Camino Real y por qué se lo pusieron como nombre a dos calles de poblaciones vecinas.

El cansancio acumulado vuelve a hacer mella en nosotros. Necesitaríamos otro día en blanco para descansar un poco, pero este gran viaje va tocando a su fin y no es cuestión de malgastar ni una sola hora. A la vuelta nos esperan planes tranquilos por lo general, y esta vida es muy larga para dedicarle un par de curas de sueño una vez estemos en nuestra tierra.
DATOS DE INTERÉS:
- Acceso a Tufa South (Mono Lake): 3$.
- Entrada a Yosemite: 20$/coche.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estos 3 últimos resúmenes que has publicado son sinceramente increíbles, habéis pasado de ver al coyote y al correcaminos, de ver al oso Yogui y al cazador, esta aventura es alucinante, yo también habría optado por el camino vuestro y no seguir más días en las Vegas, los bosques de allí son alucinantes sin duda y la decisión también de cruzar el desierta pone esta aventura en todo lo alto.

Un abrazo
Alberto Esteras

Anónimo dijo...

Chicos os dejo los próximos conciertos de las fiestas de sepriembre para ir abriendo boca: Se de Jose que hay dos que le encantarán posiblemente el primero y el ultimo
-Día 10: Bebe
-Día 11:D. Bustamante
-Día 12

Anónimo dijo...

-Día 12: Maldita Nerea
-Día 13: Los Rebujitos
-Día 14: Antonio Orozco

Un abrazo
Alberto Esteras

Anónimo dijo...

Viendo tu camiseta junto a Yogi, te quedarás más tranquilo sabiendo que anoche ganamos el trofeo Santiago Bernabeu 2-0 al Peñarol, jajajaja.....
Saludos,
El colega del cuñao de uno.

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